viernes, 15 de agosto de 2008

Caos de Fernando


El pequeño caos que origino tu breve estadía, con la sucesión de hechos apretados en el escaso tiempo, me llevó a ir componiendo el orden habitual, lentamente. 
Era como si el pequeño caos asegurara tu presencia, algo absurdo verdaderamente, entonces tomaba una cosa la limpiaba, la guardaba despacio, la miraba ya en su lugar. No era como otras veces que deseo hacerlo rápido como cuando estoy a punto de salir, pero antes debo dejar las cosas en orden, para tener el placer de llegar a mi casita ordenada.

Una se queda mas vacía después de tenerte por unos días, es tan agradable recibir tus atenciones y detalles únicos, pequeños gestos como tu mano ofreciéndome el cinturón de seguridad en el instante que lo busco....o compartiendo el último delicioso bocado, o un mate no muy caliente como nos gusta.
Cosas de la convivencia, que hacen la vida tan agradable.

La partida bellísima con un sol escondiéndose detrás del Cerro.
Y vos con los nervios propios de un viaje que SIEMPRE nos depara sorpresas.
Y yo con el aplastamiento propio de quien no quiere la partida.


 

4 comentarios:

Liletaqueión dijo...

Qué lindo escribís, María Esther. Acabo de entrar a tu blog y leer las líneas inspiradas que dedicaste a Fernando. No había entrado nunca a un blog, apenas tengo idea de lo que se trata...

Maria Esther Francia dijo...

hace bien pocos dias vi tus comentarios, justo cuando leo tu libro recientemente estrenado...viniendo de vos, se agradece el elogio... lo que mata no es la humedad es...el no creer en una misma.

Liletaqueión dijo...

¡Sí, sin duda! Creer en sí mismo, como decís, es nuestra primera obligación. Todo lo demás viene por añadidura (como el reino de los cielos, je je je)

Anónimo dijo...

gracias!