jueves, 9 de junio de 2011

Preámbulo de mi libro Tres rayas azules.

Hablar de una misma es muy difícil porque existe en nuestra forma de ser algo que lo impide.

Hay que romper con la modestia, o hacer como hacen algunos escritores y escritoras, inventar personajes para poder hablar de ellas mismas.

En nuestra cultura no se ve bien hablar de una misma.

Se cree perder la objetividad. Y no hay garantías para la objetividad de nadie. Cada persona se guía por sus propias emociones y vivencias, formación moral y filosófica. Lo que para algunas personas resulta intolerable, para otras, y de acuerdo a la circunstancia, es una trasgresión válida. Habrá tantas opiniones como personas sobre un mismo caso.

Hay un temor al rechazo, como un pudor a escarbar en el pasado por el dolor vivido, una no quiere revivir lo horroroso.

A mi me parece que vale la pena si sirve como reflexión y esa es mi apuesta.

En estas páginas trato de ver, de observar a aquella muchachita que fui, trato de entender su sentir en la etapa histórica que le tocó vivir, entrando y saliendo de ella misma.

A veces me asombro de su arrojo, de su candidez, de su fortaleza espiritual, de su fragilidad puesta a prueba y me pregunto qué hubiera ocurrido si el fuego que atravesó hubiese sido más fuerte.

Me sorprende también la cantidad de recursos instintivos que tuvo para ir sorteando todas las pruebas y llegar hasta aquí.

Siento que no son suficientes los testimonios conocidos. Faltan muchísimos. Aquí tengo que incluir a todos y todas, no son suficientes porque no hemos sacudido los corazones y la conciencia de la totalidad de nuestro pueblo.

Digo que quiero que se enteren de la historia íntegra o lo más cercano que se pueda a la verdad, antes de que nos vayamos de este mundo.

Las personas que vendrán tendrán derecho a escuchar todas las campanas. Hasta ahora, a terror y miedo, se ha escuchado una sola campana, que ha sonado tantos años y tan fuerte que se podría decir que padecemos sordera.

No sólo eso, hay un transformismo, como para desequilibrar a la mas armónica de las personas, por el cual nadie es responsable y si seguimos así, dentro de unos años dirán que las desapariciones forzadas de personas fueron todo un invento, como quieren hacerlo con el holocausto judío, o el exterminio de indígenas nativos de nuestro país y el resto de el continente americano, por poner sólo un par de ejemplos.

A pesar de que tenemos bellos motivos para festejar, en realidad estamos festejando la posibilidad de empezar a caminar de verdad, y como sabemos lleva mucho esfuerzo, paciencia y machucones fruto del aprendizaje. Hoy lo importante es tener un lugar definido, concreto, descentralizado, donde poner el hombro, para sacar del pozo al país.

Vendrán tiempos muy difíciles. Nada indica que pararán las invasiones ni la ambición de singulares y plurales, nacionales e internacionales.

El desprecio a toda la naturaleza, incluidas las personas, es un serio indicador de que la paz esta lejos. Se habla de que hay un «Plan Colombia», un «Plan Puebla-Panamá», un «Plan de la triple frontera», «Plan contra Chávez»… Como hubo recientemente un genocidio que abarco varios países llamado el «Plan Cóndor» con tanto éxito que lo quisieron repetir en Venezuela pero el pueblo no lo permitió, no sin una gran cuota de sacrificio.

Lo que se ve es que desde el Pentágono lanzan amenazas terribles y el instinto popular dice, «eso es imposible, es demasiado terrible». Las amenazas duran mucho tiempo hasta que la gente se cansa de oírlas, y un mal día, bombardean.

Por todo esto, siento que es aún más necesario mirar el pasado para estar alertas en el presente. Quizás toque rebelarse una vez más. Así es la historia.

Tal vez un día los y las jóvenes se pregunten ¿Cómo fue? ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué sentían los y las jóvenes de aquellos años? ¿Tenían tiempo para el amor nuestro de cada día, peleado por el amor universal? ¿Cuál convicción llevó a estas personas a elegir una vida sacrificada, donde la recompensa estaba sobre todo adentro de las conciencias? ¿Qué sentimientos las llevó a arrojarse al fuego amando tanto la vida?

Queremos todos los testimonios posibles.

En la foto: Casamiento civil del 4 de julio de 1969 de Alfredo Cultelli y Maria Esther Francia, firma mi madre.

No hay comentarios: