domingo, 22 de febrero de 2009

El Gran Nacimiento

La Justicia está esperando que las personas violadoras de Derechos Humanos vayan a declarar.

Hay documentos firmados del Derecho Internacional que por su propia naturaleza son supra-nacionales y que no están siendo reconocidos. Esto configura una omisión esencial a los deberes del Estado.

Aparentemente la justicia está impedida de investigar por su propia iniciativa.

Si las altas autoridades, ceremonialmente investidas, públicamente reconocidas y a ese fin destinadas, no lo pueden hacer es fundamental que pidan ayuda o que renuncien. Lo que no vale es la omisión, el dejar que el tiempo pase, sin que ello tenga consecuencias graves. También tendrán que responder por eso.

Resulta inadmisible, las décadas pasan, la gente se muere. ¿Cual es el mensaje a la juventud? Cualquiera puede ser impune.

Alguien, el pueblo, el más alto poder, o sus representantes en el gobierno, deben exigir que la justicia actúe.

Esta situación es una “tomadura de pelo” a la sociedad entera.

Nos indigna la indiferencia de los “nuevos” militares, los miembros de las fuerzas armadas que amparados en una jerarquía de cargos, no exigen  a las personas involucradas en delitos de Lesa Humanidad que declaren lo que hicieron.  De esa forma podrían limpiar aquello que supuestamente más quieren y que han juramentado defender con su vida: la Patria y el Honor.

Si no lo hacen, todas las ceremonias, incluso las más sagradas para ellos se transforman en una gran mentira, La gente de bien no debería permanecer callada aprobando con el silencio. Y menos pagarle sus sueldos financiados con el esfuerzo de toda la sociedad. 

Se requiere establecer un Alto Tribunal Ético de Justicia que reciba y escuche los testimonios, bajo juramento, de las víctimas del Terrorismo de Estado y de los miembros retirados de las Fuerzas Armadas que quieran testimoniar, como forma de reunir pruebas, documentar, investigar cotejar documentos de la época con otra mirada. Esto permitiría observar el pasado con la mirada de las víctimas y pronunciarse, con todo el peso del Estado y bajo el atento escrutinio de personalidades mundiales que lo avalen.

Al fin de cuentas, si no lo hace el Poder Judicial, de todas formas, lo hará la Sociedad Civil.

No sirve decir que cuando se mueran los protagonistas el problema se terminará porque hoy tenemos el ejemplo de otros pueblos que luego de muchas décadas siguen buscando a los responsables de asesinatos, difamación y mentiras sobre sus abuelos y abuelas.

La justicia popular no prescribe jamás. 

Todo ello deberá organizarse dentro del marco educativo para aprender de lo que nos pasó, para que las nuevas generaciones comprendan la profundidad del tema de los Derechos Humanos y todo el mundo conozca la historia desde esos puntos de vista.

Se necesita el reconocimiento de los delitos de lesa humanidad que deben ser repudiados.  El Estado y los culpables de alguna forma deben pedir perdón por lo que hicieron. Esto quiere decir trabajar para reparar éticamente a toda la sociedad.  Implica que personal y públicamente digan que se equivocaron y que reconozcan que lo que hicieron fueron crímenes. Este reconocimiento es particularmente necesario para la gente joven que está en las Fuerzas Armadas y la Policía.

Para que se sepa que pedir perdón no es sólo pronunciar unas palabras. Debe ser el resultado de un sentimiento profundo.

Un primer paso, pequeño pero simbólico, fue que el Batallón Florida desfilara ante la persona mas votada del Parlamento quien en otro tiempo había sido preso y torturado.

Para avanzar como Nación se necesitan más pasos de gigantes. Si así fuera, la palabra Nación podrá significar un gran nacimiento colectivo.

Hacia allí debemos ir y no menos que eso… 

feb.2009

Maria Esther Francia 
 
 
 

viernes, 20 de febrero de 2009

Visita de la Sinfónica

Todavía  esta pasando por la rambla del Cerro la gente que vino al Memorial de l@s desaparecid@s .

En el escenario con su “consorte” la caseta de sonido y luces mirándose mutuamente, protegido con mamparas, montado “a todo dar” por la Intendencia de Montevideo y a prueba de intempestivos vientos infaltables a la cita en la costa oeste, se presenta la Sinfónica a tocarnos el alma.

Las Tres Marías en línea perpendicular al proscenio del escenario, también escuchan y se van asomando cada vez mas, a medida de que pasan hombrecitos con voces inmensas que parecen no caber en sus cuerpos.

Mientras, el aire tibio de un día con 40 grados de sensación térmica, no deja de acariciarnos colectivamente.

En el micrófono una mujer pequeña con rasgos orientales canta Madame Butterfly. Y pasan la Cavalleria Rusticana, Carmen, Tristán e Isolda y muchos mas.

Por los pasillos improvisados corretean gente menuda y perros con necesidad de jauría humana.

Una mujer sentada en su silla traída por su dueña, como la mía, comenta emocionada, “lo que vale esto y es lo que mas me gusta”.

Yo no puedo con mi manía de darle un marco filosófico y pienso lo bien que funciona la orquesta cuando “cada quien atiende su juego”. Al final el director capta las ganas de participar del público y “ordena obedeciendo” que acompañemos el ritmo con nuestras manos, hasta que nos ordena otra vez parar y así alternadamente  con gestos de contento y levantando el pulgar nos dice que lo hicimos bárbaro …y funcionó, todo el mundo obedeció algo que deseaba realizar. Es magnífico, las personas candidatas a la presidencia debería meditar acerca de este “fenómeno de masas”.

Y mañana sigue el disfrute…con tangos, candombes y chamarritas.

Es mágico vivir unos muchos lo que antes estaba reservado para unos pocos. Y lo que es mejor, es que hay muchísimo mas para asombrarnos todavía. Como me gusta mi pueblo “ahora que tengo pueblo”.

mef

 

 

martes, 10 de febrero de 2009

Proyecto-Nación, con garra y corazón

Proyecto-Nacion

 

He aquí la maravilla!

Con garra y corazón, sólo así se puede.

 

Y en los desfiles hemos visto el sacrificio y entrega para brindar un buen espectáculo a modestos conjuntos.

Es asombroso como reúnen las ganas auténticas, verdadero pulmón de este milagro que es la puesta en escena de cada grupo.

Algunos con mas apoyo monetario otros con menos, algunos con nada, todos con gran entusiasmo.

Cada persona se pone al servicio del conjunto, embarcan en ese proyecto el apoyo del entorno natural, familiares y amigos personales.

Se da como un contagio sano de aportar energía para el mejor lucimiento de los esfuerzos.

Y cada año se aprende.

Cada año son nuevas oportunidades para gente de todas las edades.

Cada persona aporta lo mejor de sí.

Los ensayos cuando el resto de la gente esta en otra, el trabajo hormiga.

Para un BIEN COMUN.

Solo así sale eso fenomenal. Eso que es tan nuestro, que estimula lo creador, para divertir con valores, con altura, con profesionalismo.

Sólo por mencionar algunos rubros:

Los textos cargados de valores, gracia y ocurrencia, filosofía, aguda observación de la sociedad. 

Una evaluación de los sucesos del año, un ayuda memoria. Pasando en limpio lo que sirvió y lo que no. Colectivamente.

Organizadores, productores, escritores, comunicadores, relaciones públicas.

La actuación, la danza, el movimiento, trabajo corporal.

La voz, el canto, la música, la memorización.

La vestimenta, el diseño, muñecos, utilería, escenografía.

Las luces, el sonido.

El maquillaje, cada año mas protagónico.

La necesaria socialización con todas las personas indirectamente relacionadas.

El ingenio, el arte junto al trabajo intensivo y las ideas son las que brillan.

Personas de las más variadas tienen un lugar en el carnaval.

 

 

El Proyecto-Nación y quienes apuestan su cotidianidad a cambiar definitivamente y para siempre nuestro estado actual con carencias impostergables, podría inspirarse en este fenómeno que cada año concita mas adherentes y entusiastas seguidores.

Ofrecer y encontrar un lugar donde poner el hombro desinteresado con el único afán de ser una hoja del árbol maravilloso que es nuestra nación, para salir finalmente adelante y encontrar la pública felicidad que nos merecemos.

 

Algo para reflexionar de donde sacar recursos para levantar vuelo.

 

Maria Esther Francia

Montevideo, 27 de setiembre del 2008