La Justicia está esperando que las personas violadoras de Derechos Humanos vayan a declarar.
Hay documentos firmados del Derecho Internacional que por su propia naturaleza son supra-nacionales y que no están siendo reconocidos. Esto configura una omisión esencial a los deberes del Estado.
Aparentemente la justicia está impedida de investigar por su propia iniciativa.
Si las altas autoridades, ceremonialmente investidas, públicamente reconocidas y a ese fin destinadas, no lo pueden hacer es fundamental que pidan ayuda o que renuncien. Lo que no vale es la omisión, el dejar que el tiempo pase, sin que ello tenga consecuencias graves. También tendrán que responder por eso.
Resulta inadmisible, las décadas pasan, la gente se muere. ¿Cual es el mensaje a la juventud? Cualquiera puede ser impune.
Alguien, el pueblo, el más alto poder, o sus representantes en el gobierno, deben exigir que la justicia actúe.
Esta situación es una “tomadura de pelo” a la sociedad entera.
Nos indigna la indiferencia de los “nuevos” militares, los miembros de las fuerzas armadas que amparados en una jerarquía de cargos, no exigen a las personas involucradas en delitos de Lesa Humanidad que declaren lo que hicieron. De esa forma podrían limpiar aquello que supuestamente más quieren y que han juramentado defender con su vida: la Patria y el Honor.
Si no lo hacen, todas las ceremonias, incluso las más sagradas para ellos se transforman en una gran mentira, La gente de bien no debería permanecer callada aprobando con el silencio. Y menos pagarle sus sueldos financiados con el esfuerzo de toda la sociedad.
Se requiere establecer un Alto Tribunal Ético de Justicia que reciba y escuche los testimonios, bajo juramento, de las víctimas del Terrorismo de Estado y de los miembros retirados de las Fuerzas Armadas que quieran testimoniar, como forma de reunir pruebas, documentar, investigar cotejar documentos de la época con otra mirada. Esto permitiría observar el pasado con la mirada de las víctimas y pronunciarse, con todo el peso del Estado y bajo el atento escrutinio de personalidades mundiales que lo avalen.
Al fin de cuentas, si no lo hace el Poder Judicial, de todas formas, lo hará la Sociedad Civil.
No sirve decir que cuando se mueran los protagonistas el problema se terminará porque hoy tenemos el ejemplo de otros pueblos que luego de muchas décadas siguen buscando a los responsables de asesinatos, difamación y mentiras sobre sus abuelos y abuelas.
La justicia popular no prescribe jamás.
Todo ello deberá organizarse dentro del marco educativo para aprender de lo que nos pasó, para que las nuevas generaciones comprendan la profundidad del tema de los Derechos Humanos y todo el mundo conozca la historia desde esos puntos de vista.
Se necesita el reconocimiento de los delitos de lesa humanidad que deben ser repudiados. El Estado y los culpables de alguna forma deben pedir perdón por lo que hicieron. Esto quiere decir trabajar para reparar éticamente a toda la sociedad. Implica que personal y públicamente digan que se equivocaron y que reconozcan que lo que hicieron fueron crímenes. Este reconocimiento es particularmente necesario para la gente joven que está en las Fuerzas Armadas y la Policía.
Para que se sepa que pedir perdón no es sólo pronunciar unas palabras. Debe ser el resultado de un sentimiento profundo.
Un primer paso, pequeño pero simbólico, fue que el Batallón Florida desfilara ante la persona mas votada del Parlamento quien en otro tiempo había sido preso y torturado.
Para avanzar como Nación se necesitan más pasos de gigantes. Si así fuera, la palabra Nación podrá significar un gran nacimiento colectivo.
Hacia allí debemos ir y no menos que eso…
feb.2009
Maria Esther Francia
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